Domingo XVII del Tiempo Ordinario - Ciclo A (26 de julio del 2026)

Descubrir el verdadero tesoro

El Evangelio de hoy nos invita a preguntarnos qué es lo más valioso en nuestra vida. Jesús compara el Reino de los cielos con un tesoro escondido y con una perla de gran valor. Quien los encuentra es capaz de dejarlo todo con alegría, porque ha descubierto algo infinitamente más grande que cualquier riqueza o seguridad humana. Así ocurre cuando una persona se encuentra verdaderamente con Cristo: comprende que nada puede compararse con el don de su amor.

Sin embargo, este tesoro no se impone. Es necesario buscarlo con un corazón abierto y estar dispuesto a renunciar a todo aquello que nos aleja de Dios. Muchas veces nos aferramos a cosas pasajeras, mientras el Señor nos ofrece una felicidad que permanece para siempre. La verdadera alegría nace cuando hacemos de Cristo el centro de nuestra vida.
La parábola de la red nos recuerda, además, que llegará el momento en que Dios manifestará plenamente su justicia. No es un llamado al miedo, sino a vivir cada día con fidelidad al Evangelio, procurando que nuestras obras reflejen la fe que profesamos.

Finalmente, Jesús habla del escriba que sabe sacar de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas. Quien conoce el Reino no guarda ese tesoro solo para sí, sino que lo comparte con los demás, iluminando la vida con la sabiduría del Evangelio.

Pidámosle al Señor la gracia de reconocer que Él es el verdadero tesoro de nuestra existencia. Que tengamos un corazón dispuesto a elegirlo cada día y a vivir de tal manera que, cuando llegue el encuentro definitivo con Él, podamos alegrarnos por haber puesto nuestra vida en sus manos.

Esquema de cantos

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