Domingo XV del Tiempo Ordinario - Ciclo A (12 de julio del 2026)

 

Preparar el corazón para que la Palabra dé fruto

La parábola del sembrador nos invita a dirigir la mirada hacia nuestro propio corazón. La semilla es la Palabra de Dios, siempre viva y llena de fuerza, mientras que los distintos terrenos representan la forma en que cada uno la recibe. Dios no deja de sembrar; es Él quien sale constantemente a nuestro encuentro, ofreciéndonos una nueva oportunidad para crecer en la fe.

Jesús nos muestra que muchas veces la Palabra no da fruto porque nuestro corazón está endurecido por la indiferencia, porque nuestra fe no echa raíces profundas o porque las preocupaciones y los afanes del mundo terminan ocupando el lugar de Dios. No basta con escuchar el Evangelio; es necesario acogerlo y dejar que transforme nuestra vida.

La tierra buena es el corazón que escucha con humildad, persevera en medio de las dificultades y pone en práctica la Palabra. Entonces aparecen los frutos: una vida más llena de amor, de esperanza y de servicio a los demás.

Hoy el Señor vuelve a sembrar en nosotros. Pidámosle la gracia de preparar nuestro corazón para recibir su Palabra y permitir que ella dé abundantes frutos, no solo para nuestro bien, sino también para el de quienes nos rodean.

Esquema de cantos

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