Domingo de Ramos en la Pasión del Señor (29 de marzo de 2026)

¡Bendito el que viene en nombre del Señor! 

Cuando Jesús se dirige triunfalmente a Jerusalén, la gente lo aclama con las mismas aclamaciones con las que solía acoger a los peregrinos que llegaban a sus puertas: “Bendito el que viene en nombre del Señor”. Decían más de lo que sabían. Jesús era en verdad el enviado por Dios. Con este grito se acogía al peregrino por excelencia, a Jesús el Mesías. El no venía a buscar la santidad a su ciudad, sino que le ofrecía el verdadero camino para la santidad.

“Bendito el que viene en nombre del Señor”. Esta aclamación, dirigida a Jesús, distingue a los cristianos de todos los demás creyentes. En todas las religiones hay un atisbo del Absoluto. Pero reconocer a Jesús como el enviado de Dios, el Hijo de Dios, el Salvador es la clave y fundamento de la fe cristiana.

“Bendito el que viene en nombre del Señor”. El cristiano ha recibido la luz de la fe para reconocer en cada persona que encuentra en el camino, a alguien que viene a él, en nombre de Dios: todo lo que hagan a uno de estos me los hacen a mí. Acoger al enviado es un signo de la fe que nos une al que lo envía, a Jesús, al mismo Dios. Señor Jesús, tú vienes a nosotros como mensajero de la paz en cada prójimo. Que tu visita no nos pase inadvertida. Que sea para nosotros un signo de gracia y de esperanza.

 Esquema de cantos

Entrada/Procesión de ramos: 



Aclamación al evangelio: Gloria a ti, Cristo, Palabra de Dios (Moisés A. Sáenz) (Cristo por nosotros se sometio)

Ofertorio:


Comunión:
Salida:

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