II Domingo de Pascua o de la Divina Misericordia - Ciclo A (12 de abril de 2026)

 "Bienaventurados los que crean sin haber visto"

Esos bienaventurados, felices, somos nosotros si creemos en Jesús resucitado, porque nosotros no lo hemos visto y creemos profundamente. Para creer no se necesita ver. Lo que se ve no se cree, se ve. Creer es fiarse de los testigos que merecen confianza. Pues bien, los apóstoles son testigos de la resurrección de Jesús y merecen nuestra confianza. Gracias a la resurrección de Jesús, los apóstoles se convirtieron en personas santas. Sufrieron persecuciones por predicar esta verdad fundamental. Estaban tan seguros de ella que, a pesar de ser tan cobardes en los trágicos momentos de la pasión de su divino Maestro, prefirieron morir mártires antes que negarle. 

¡Jesús resucitó! Esta verdad se nos viene transmitiendo de padres a hijos desde el principio. Esta verdad, para los primeros cristianos, estaba muy reciente. Por eso, tenían tanto entusiasmo y valentía. Estaban muy unidos y se ayudaban para que nadie pasase necesidad. Los cristianos fueron aumentando en número y se extendieron por el mundo entero. Pero a medida que fueron pasando los años la fe en Jesús se ha ido debilitando, hasta tal punto que hoy muchos de los que están bautizados y se llaman cristianos prácticamente no se distinguen de los paganos. Cuando hay verdadera fe, se reconoce en el prójimo indigente al mismo Cristo necesitado y hacemos lo posible para ayudarle. Vivamos la auténtica fe cristiana, que es la religión del amor, de la unión, de la alegría verdadera, de la justicia y de la paz.

 Esquema de cantos

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