Domingo V de Cuaresma - Ciclo A (22 de marzo de 2026)

 Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá. 

Ante los sufrimientos que hay en el mundo podemos preguntarnos por qué sufrimos. Sufrimos porque luchamos para conseguir algo que valga la pena y eso lleva consigo muchos sacrificios. Por eso, se dice que lo que vale mucho, mucho cuesta. Otras veces son nuestros errores, nuestros vicios y pecados los que, a la corta o a la larga, nos hacen sufrir a nosotros o a los demás. Y así, por ejemplo, ¡cuánto sufrimiento puede causar el tabaco, y no digamos el alcohol y otras drogas! ¡Cuánto sufrimiento puede causar la injusticia, la opresión, el desprecio, la calumnia, la murmuración…! Pero lo que más nos hace sufrir es la enfermedad incurable y la muerte. 

Ante la muerte podemos preguntamos ¿por qué Dios, siendo tan poderoso y bueno, no la impide? Esta pregunta es parecida a la que se hicieron los judíos cuando Jesús se hallaba ante la tumba de su amigo Lázaro. Se preguntaban: ¿Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, no podía impedir que muriera este? Jesús no les contesta. Jesús se echó a llorar. Lo que está claro es que no puede haber resurrección si no hay muerte. Como no puede haber una espiga si antes no se entierra el grano y muere. Meditemos que Jesús murió para resucitar, para estar con Dios eternamente. También nosotros moriremos para resucitar como El. Creamos firmemente lo que El nos ha dicho: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí no morirá para siempre». ¿Creemos de verdad en Jesús?

Esquema de cantos

Entrada

Perdón: Kyrie (Messe de Saint Agustin)

Salmo 129: Perdónanos, Señor, y viviremos

Aclamación al evangelio: Gloria a ti, Cristo, Palabra de Dios (Moisés A. Sáenz)

Ofertorio

Santo: Santo "Häendel" (Alfonso Luna)

Cordero: Cordero de Dios (Alberto Taulé)

Comunión

Salida

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