IV Domingo de Pascua - Ciclo A (26 de abril de 2026)

"El va llamando por el nombre a sus ovejas…
y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz." 

Ha sido Dios mismo, nuestro Padre, quien ha tomado la iniciativa de amarnos. Su amor se manifiesta de manera extraordinaria por medio de su Hijo Jesús, Buen Pastor, que nos conoce y nos llama por nuestro nombre. ¿Y nosotros oímos su voz en la oración personal o comunitaria, en las palabras que él nos dirige cuando leemos la Biblia, o cuando nos habla de corazón a corazón en la celebración eucarística y en los demás sacramentos? Y no podemos olvidar que Jesús nos habla también a través de la vida ordinaria y de manera especial a través de la gente que grita con fuerza sus necesidades y problemas.

Jesús el Buen Pastor nos llama por nuestro nombre propio. Es estupendo saber que alguien te conoce por tu nombre, pues eso es ya una señal de un amor entrañable. Si esa persona es alguien en quien tú confías, puedes ponerte en sus manos y sentirte muy seguro. Esa persona es Jesús, el Buen Pastor, que se nos presenta hoy a sí mismo como un amigo que nos conoce y nos llama a caminar con él por el camino de la vida, poniendo en práctica las bienaventuranzas y las obras de misericordia. El mismo es el Camino que nos conduce a la Vida Eterna. Él nos sostiene y nos fortalece siempre en nuestras dudas y debilidades. Pase lo que pase nos acompaña de día y de noche. Arropados por su infinito amor podemos ser verdaderamente un pueblo creyente cristiano, el nuevo pueblo de Dios, la comunidad cristiana, la Iglesia. Con Jesús, nuestro Buen Pastor, celebramos la eucaristía y aprendemos de él a preocuparnos y cuidarnos los unos de los otros.

 Esquema de cantos

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