Vigilia Pascual

La Vigilia Pascual cierra el Triduo Pascual e inaugura el Tiempo de Pascua. Es la noche santa en la que la luz brilla en las tinieblas, en que la muerte fue vencida, en la que celebramos que Cristo ha resucitado y por eso, con la máxima solemnidad de que somos capaces, con repiques de campana y al son de instrumentos, cantamos el Gloria y entonamos el Aleluya para festejar que Cristo ha vencido a la muerte y nos ha abierto el camino a la nueva Vida. En esta noche el canto adquiere un protagonismo singular. Tanto el canto de los ministros en diálogo con la asamblea como los cantos del propio y del ordinario deben hacerse con especial solemnidad. Es una noche en la que no podemos dejar de cantar el Prefacio, la Plegaria eucarística y todas las oraciones que corresponde a los ministros. En particular hay que destacar:

El canto del lucernario. Es el comienzo de la Vigilia. El diácono o el sacerdote proclama Luz de Cristo y los files responden Demos gracias a Dios.

El canto del Pregón pascual. Siempre que sea posible hay que cantarlo. El cantor del pregón, además de ensayarlo bien, es preciso que sienta su contenido y lo exprese vibrando con el texto y el sentido. Se pueden hacer interrupciones en el Pregón intercalando aclamaciones a Cristo como, por ejemplo, Oh luz gozosa.

El canto de los salmos. Esta noche hay una gran abundancia de lecturas de la Palabra de Dios. Dios habla a su pueblo y éste le responde con los salmos y oraciones.

El canto del Aleluya. El sacerdote, terminada la epístola, entona por tres veces el aleluya elevando gradualmente la voz y el tono, y repitiéndolo la asamblea. Una vez entonado en la noche pascual ya no se volverá a omitir durante todo el tiempo pascual. Su canto será uno de los distintivos de las celebraciones pascuales.

La liturgia bautismal: las letanías de los santos y la bendición del agua y renovación de las promesas del bautismo.

Lista de canciones:

  • ​A ti, tierra esperada (David Julien)
  • El cantar de magdalena
  • Nueva creación (Cesareo Gabaráin)
  • Un solo Señor (Lucien Deiss)
  • Yo le resucitaré ​(Suzanne Toolan)
  • Yo soy el agua viva (Cesareo Gabaráin)


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