Santo

El Santo es una aclamación, por lo que el canto es algo consustancial al mismo. Por tanto, la primera característica musical del santo es que es un grito de júbilo en forma de diálogo. Por su carácter explosivo y festivo, la polifonía puede dar el relieve que necesita el canto. Las voces del coro pueden reforzar la voz de la asamblea pero nunca excluyéndola (sería un tremendo error litúrgico). El “Hosanna en el cielo”, estribillo que concatena el Santo y el Benedictus, tiene que ser destacadamente festivo y gozoso, pleno de ritmo y expresión.

Es un canto de toda la asamblea que requiere una música llena y fuerte. Es un canto de la comunidad, el más admirable canto de unidad que conoce la liturgia eucarística: unidad del cielo y la tierra, unidad de los hombres entre sí, cantando a una sola voz, mezclando sus voces con las de los ángeles asociándose al canto celestial. Ningún canto celebra más la gloria y majestad de Dios que el Santo. 

Algunas sugerencias

La asamblea debe lanzar al unísono su aclamación por lo que, para que la asamblea sepa qué melodía debe cantar puede ser bueno utilizar el mismo Santo durante todo un tiempo litúrgico. La asamblea dispone del tono bien porque el prefacio es cantilado, bien por un breve y discreto preludio con que el instrumentista acompaña las últimas palabras del Prefacio.

El Santo deberíamos cantarlo siempre que sea posible, pero ha de hacerse con la misma letra que figura en el Misal. No están permitidas las adaptaciones del texto o paráfrasis del mismo.

Lista de canciones:

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