Presentación de las ofrendas
Las normas litúrgicas dicen que durante la procesión de las ofrendas y a lo largo de todo el rito de Preparación de los dones puede cantarse un “canto apropiado”. Tradicionalmente, este canto no ha sido un canto que corriera a cargo del pueblo, sino del coro. Puede ser aconsejable que en este momento el pueblo descanse y medite lo que va a celebrar mirando y escuchando. Es una de las ocasiones en las que el coro puede actuar con música coral y polifónica enriqueciendo la celebración y subrayando la importancia de lo que vamos a celebrar a continuación. Ahora bien, tanto si lo canta el coro como si lo canta todo el pueblo hay que intentar seleccionar cantos en los que se ponga en evidencia la alabanza a Dios por los dones del pan y del vino. Salvo en determinadas fiestas marianas, como indica el Graduale, el canto del Ave Maria u otros cantos marianos, tan utilizados en este momento, sobre todo por las corales, habría que evitarlos. El canto acompaña el momento de la presentación de los dones, nada más.
El canto del Ofertorio concluye cuando los dones han sido depositados sobre el altar, aunque también se puede prolongar durante la presentación de los dones. Cuando no hay procesión y presentación de ofrendas, el rito es muy corto y no hay lugar para el canto. Si cantamos, el canto debe tener un sentido comunitario de unidad, de caridad con los hermanos más necesitados, de manera que el canto ilumine el significado de la colecta y la presentación de los dones. Hay que evitar aquellos cantos que tengan un sentido exclusivamente ofertorial ya que no es el significado de este rito. Con la reforma litúrgica, las oraciones de presentación de los dones han adquirido un sentido más de alabanza que de ofrecimiento.
Lo más sencillo es cantar un canto procesional (aunque no haya procesión) que acompañe la presentación de los dones. Pero lo más aconsejable es dejar que en este momento descanse la asamblea, por lo que es el momento en el que el coro puede cantar un canto adecuado “para ser escuchado”. También es el momento en el que el órgano puede interpretar una pieza como solista. Existe un amplio repertorio clásico para órgano adecuado a este momento: los Ofertorios para órgano de Cesar Frank, las Horas místicas de Böellmann o su Suite ghotique, los Cantos íntimos de E. Torres o el famoso Ofertorio sobre el “Ave Maris Stella” de Hilarión Eslava, entre otros. También puede interpretar un canto un solista. O, finalmente, dejar que este momento transcurra en silencio como momento de interiorización de la asamblea que se prepara para la alabanza eucarística.
Lista de canciones:
- Acepta, Señor, el vino y el pan (Joaquín Madurga)
- Ante tu altar
- Bendito seas, Señor (Emilio y Juan Bravo)
- Cinco panes
- Comienza el sacrificio (Mons. Enrique Rau)
- Con amor te presento (C. Erdozaín)
- Después de preparar
- En tu altar
- En tus manos divinas de Padre (J. A. Espinoza)
- Espigas y vid (J. Sánchez López)
- Esto que te doy
- Junto a María te presentamos (Nicolás Glaser)
- Junto nos acercamos
- Negra es la uva
- Llevemos al Señor (C. Erdozaín)
- Oh, Mesías prometido (España)
- Padre eterno, Dios piadoso (Eusebio Goicoechea A.)
- Padre, recibe (Moisés A. Sáenz)
- Pan del trigal (Jose Angel González Arellano)
- Pan y vino
- Quiero estar en tu presencia (Carmelo Erdozaín)
- Recibe, Padre, nuestros dones (Tomás Aragüés)
- Renidos Señor (Marco López)
- Señor, te ofrecemos el vino y el pan (José Gicoechea)
- Señor, quiero servirte (Santiago Fernandez)
- Te ofrecemos, Señor (Francisco Palazón)
- Te ofrecemos oh Señor
- Te ofrecemos Padre Eterno (anonimo)
- Te ofrecemos, Padre nuestro (Manuel Salvador Dávila)
- Te presentamos el vino y el pan (Juan Antonio Espinoza)
- Te presentamos la vida, Señor
- Tomad Señor y recibid (Betsaida)
- Una espiga
- Vid y trigal (Moisés A. Sáenz)
- Vino y pan (C. Camacho)
- Yo te ofrezco (R. Hernández)
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