Navidad

En Navidad cantamos el misterio de Dios hecho hombre que ha acampado en medio de nosotros para, haciéndose uno de nosotros, salvarnos del pecado y la destrucción, por lo que la celebración eucarística de este Tiempo adquiere un sentido profundamente teológico más allá del contexto festivo en el que se celebra. La comunidad cristiana estalla de alegría por este acontecimiento y entona sus cantos más populares, los cantos del pueblo. La liturgia los ha integrado en su repertorio por lo que, sin duda, debemos cantar villancicos, pero debemos ser conscientes de que éstos nunca sustituirán el canto del Salmo o los cantos del Ordinario. La música, que ha estado en segundo plano durante el Adviento, adquiere aquí un mayor relieve para acentuar el tono festivo de este Tiempo, pero litúrgicamente nunca podrá ser protagonista.

Para celebrar con profundo sentido litúrgico los misterios de la Navidad sugerimos destacar:

  • El canto o proclamación de la Calenda, o anuncio gozoso de la Navidad. El Martirologio Romano prevé el canto de la Calenda o pregón navideño en el día de la Vigilia de Navidad, en la conclusión de las laudes o de una hora menor de la Liturgia de las Horas. En 2008, el Papa Benedicto XVI dispuso que sea cantada al final de la breve vigilia de preparación a la Misa de Nochebuena, antes de que comience la procesión de entrada. La Calenda no pertenece a la Misa propiamente dicha sino que la precede. Si no se celebra la Vigilia de Navidad se puede cantar o recitar antes de comenzar la Misa de medianoche a modo de pregón navideño. Es un canto de gran expresividad que puede incluso suplir el acto penitencial del día de Navidad.
  • El Gloria. Es el gran canto litúrgico de la Navidad. Como himno, esta doxología debe ser cantada; el himno pierde su carácter lírico si se recita. Se pueden aprender varias musicalizaciones seleccionando aquellas que tienen un aire más pastoril para distinguirlas de las que cantamos en Pascua, más solemnes. Si se quiere más solemnidad, el Gloria de la Missa de Angelis, aun estando en latín, es muy apropiado para estas fiestas.
  • El canto del Santo se hace eco en este Tiempo de la alegría desbordante de los ángeles en el «Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.» El celebrante invita a la asamblea con la expresión: «unidos a los ángeles y a los santos cantamos a una sola voz…»
  • El canto del Te Deum que la Iglesia romana canta el 31 de diciembre como acción de gracias por los beneficios recibidos en el año que termina. Puede cantarse también después de la comunión en la misa vespertina de la víspera de santa María, Madre de Dios.
  • El canto Veni Creator Spiritus al comenzar el nuevo año. De la misma manera que se despide el año con el canto del Te Deum en acción de gracias, se inicia el nuevo con el canto de otro antiguo himno trinitario, el Veni Creator Spiritus. En ambos casos, los fieles que así lo hacen y cumplen las debidas condiciones, reciben indulgencia plenaria.

En torno a los populares villancicos, siguiendo los criterios de la reforma litúrgica del Vaticano II, los villancicos, aun teniendo ese sabor popular que los caracteriza, tienen que resaltar el aspecto religioso y teológico del misterio que celebramos para poderlos integrar adecuadamente en el contexto de la celebración litúrgica. Debemos evitar los villancicos excesivamente «populares» y «bullangueros» cuyo contenido difícilmente refleja el verdadero espíritu navideño. Dentro de la celebración eucarística pueden tener su lugar en la entrada, en el ofertorio y en el final, especialmente en la adoración a la imagen del Niño. Existe un amplio repertorio de villancicos «litúrgicos» por lo que debemos ser muy cuidadosos a la hora de seleccionar los que vamos a cantar. 

Lista de canciones:

  • Danos tu pan ​​​​(Juan A. Espinosa​)
  • Es el día del Señor (M. Debaisieux)
  • ​Esperando (Cesáreo Gabaráin)​
  • Oh, Mesías prometido (España)
  • Pueblo de Reyes (Lucien Deiss)
  • Vamos cantando al Señor (Juan A. Espinosa)


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