Meditación

En muchas comunidades se usa cantar un canto meditativo, tranquilo, después de finalizado el rito de la comunión. Ayuda a dar valor a ese momento y a la oración personal que despierta el encuentro con Jesús. «Cuando se ha terminado de distribuir la comunión, el sacerdote y los fieles, si se juzga oportuno, pueden orar un rato recogidos. Si se prefiere, puede también cantar toda la asamblea un himno, un salmo o algún otro canto de alabanza.» (OGMR 56j).

Este momento es uno de los más indicados para guardar “silencio sagrado” alabando a Dios y orando, gustando el don recibido, asimilándolo, agradeciéndolo. Este momento de oración afecta tanto a la asamblea como al celebrante quien no debería estropear este momento haciendo en el altar lo que puede hacer en otro lugar e incluso más tarde, cuando se haya despedido al pueblo (OGMR 120).

Si se prefiere, dice el Misal, puede entonarse un himno o canto de alabanza. Éste ya no es un canto de comunión procesional sino un canto meditativo-oracional, por lo que no exige la participación de la asamblea; puede ser entonado únicamente por el coro o los solistas. Es un momento apropiado también para sentarnos a los pies de Jesús con María, su madre y rezar como la primitiva comunidad cristiana reunida en el cenáculo. Aquí podría cantarse el tan discutido Avemaría u otros cantos polifónicos marianos, especialmente en las fiestas marianas. En cualquier caso hay que respetar siempre el carácter oracional de este momento por lo que hay que seleccionar muy cuidadosamente las letras y melodías de los cantos. No olvidemos que es un momento de silencio y de acción de gracias.

Lista de canciones:

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