Cordero
Canto del ordinario de la misa, su texto no puede ser cambiado, y ha de ser cantado por el pueblo, bien completamente o bien respondiendo “ten piedad de nosotros” / “danos la paz” en cada invocación de la letanía, cantada por el coro o por un solista. Mientras el sacerdote parte el pan y prepara el momento de la comunión, la asamblea confiesa el sentido del rito que está por celebrar tomando las palabras de Juan Bautista: Cristo es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Felices los que están invitados a comulgar de ese pan como un solo cuerpo.
El Cordero de Dios puede cantarse o recitarse. Si se canta es bueno considerar atentamente su duración, de modo que coincida con la acción del sacerdote. Es, además, un canto que acompaña a un rito, y que nos hace reflexionar sobre su sentido: Cristo es el cordero inmolado por nosotros en la cruz. Por eso, según la Ordenación General del Misal Romano, si la fracción se prolonga, no hay problema en cantar de nuevo o prolongar el Cordero de Dios, acabando siempre con la respuesta “danos la paz”.
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